Cuando estás muy metido en algo, es bastante frecuente que tu mente vea más de ese algo de lo que hay en realidad. En cierta medida, el sesgo cognitivo que hoy nos ocupa está relacionado con el efecto Baader-Meinhof, pero se circunscribe a un ámbito muy concreto.
Llevo unos 7 años sin consumir productos derivados de los animales. Trabajando en research, llevo toda la vida haciendo investigación cada vez que voy a la compra: semiótica del packaging, retail atmospherics, innovación de producto…lo típico de cualquier investigador de mercados.
Cada vez me he ido metiendo más en temas de marketing plant-based, un sector que ha experimentado un auténtico boom en los últimos 2-3 años: cada vez más productos, con más espacio en los lineales y con mayor relevancia entre los consumidores en general (no sólo en el propio nicho).
En los últimos meses he sido en unas cuantas ocasiones víctima de un sesgo cognitivo que he bautizado como “all vegan effect”, y que consiste básicamente en tomar por veganos productos que no lo son. Es un sesgo bastante efímero: no provoca ningún tipo de consecuencia a largo plazo, pero me ha resultado lo suficientemente curioso como para hacer un post explicándolo.
Haciendo un ejercicio de introspección y auto-etnografía, he llegado a algunas conclusiones de cómo y por qué funciona este sesgo, y qué elementos lo componen:
- El entusiasmo propio de ver innovaciones plant-based, literalmente, cada vez que vas a comprar. Esto es algo muy típico en el mundo vegan: nos hace ilusión que cada vez los productos veganos tengan una mayor presencia en los lineales, y en el imaginario colectivo, y que cada vez más gente los considere como opción en su alimentación.
- Deformación profesional: estar muy expuesto como marketeer. Además de ser consumidor de este tipo de productos, suelo estar muy atento, en redes, en medios y en blogs especializados, a todo lo que pasa en el sector plant-based. Esto hace que, en mi vida, los productos veganos ocupen un espacio mental mayor que cualquier otro tipo de productos (alimenticios o no).
- Actitud de descubrimiento. Además de la deformación profesional, y de la ilusión por el descubrimiento espontáneo, hace tiempo que cada vez que visito un punto de venta, hago esfuerzos específicos para encontrar nuevos productos y categorías.
- La tendencia a la veganización de productos no veganos. Los códigos están cambiando en cada vez más categorías de alimentación, en muy poco tiempo: packagings con reminiscencias “eco” (aunque no lo sean), mensajes orientados al bienestar y la salud, y una mayor presencia general de la semiótica plant-based en productos que no son plant-based.
Estos 4 elementos combinados provocan este efímero pero intenso sesgo engañe a mi cerebro con una frecuencia más que significativa: al menos una vez por cada visita a los supermercados en los que suelo comprar habitualmente (Carrefour, Alcampo, Aldi, Mercadona), descubro con ilusión productos veganos que, tras unos segundos de análisis, resulta que no lo son.
Bien por los códigos estéticos, bien por mi propia sobreexposición al sector, bien por la ilusión de descubrir cosas nuevas, o seguramente por un poco de todo a la vez, cada vez tengo que estar más atento para no pagar por accidente un producto con ingredientes animales.
